
MAURO JESÚS DOÑA 265
“la implicación de los gobiernos no centrales en las relaciones interna-
cionales, a través del establecimiento de contactos formales e informales,
permanentes o ad hoc con entidades extranjeras, públicas y privadas, con
el propósito de promover asuntos de carácter socioeconómicos, políticos o
culturales, así como cualquier otra dimensión externa de sus competencias
constitucionales” (pp. 27-28).
Juste (2021) mencionaba que, a comienzos del nuevo milenio, Francisco Al-
decoa y Michael Keating demostraban que la paradiplomacia representa una
nueva dimensión, tanto para el regionalismo como para las relaciones inter-
nacionales, como consecuencia del desvanecimiento de la distinción entre
los asuntos internos e internacionales y, entre el ámbito nacional y regional
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Gracias a sus aportes realizados, otros académicos como Brian Hocking e
Iñaki Aguirre (2001) contribuyeron al debate teórico sobre la polisemia del
término paradiplomacia y su aplicación en diversos contextos, explorando
cómo los gobiernos no centrales participan en una diplomacia multinivel con
actores subestatales nuevos que se incorporan a dicha dinámica. Rosenau
(1997) ha denido este fenómeno de transformaciones, tanto del sistema in-
ternacional como del papel del Estado, como un proceso de fragmentación
en dos direcciones: hacia arriba, es decir, hacia instancias supranacionales,
como las organizaciones internacionales; y hacia abajo, es decir, en relación
con grupos subnacionales, como los gobiernos locales, que desarrollan alter-
nativas de participación, pese a no ser considerados como sujetos del derecho
internacional (Calvento y Rolandi, 2014), pero que les da la posibilidad de
intervenir, establecer o cumplir acuerdos de cuño económico y cultural, de
modo formal e informal (Vigevani, 2004).
En el aspecto político, la paradiplomacia busca promover la cooperación y
los intercambios en una variedad de áreas tales como: la economía, el comer
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cio, turismo, la educación, cultura, tecnología, deportes, entre otros. Este in-
tercambio permite institucionalizar la construcción de relaciones más sólidas
mediante la rma de convenios, acuerdos y declaraciones de hermanamiento
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Terminando la década de 1980, Ivo Duchacek ya alertaba sobre la creciente participación
de los gobiernos regionales en los asuntos internacionales, debido a que la globalización ha-
bía llevado a las entidades subestatales a tomar las riendas de su propio destino, promovien-
do sus intereses identitarios. Entrada la década de 1990, Brian Hocking estudia el impacto
de la globalización sobre la diplomacia contemporánea y constata que uno de los efectos
más interesantes es precisamente la creciente participación de los gobiernos no centrales en
los asuntos exteriores (Aguirre Zabala, 2000).